Salte la navegación

Leo que todas las referencias a la famosa playa del Salto del Fraile, frente al Morro Solar en Chorrillos, ubican la tragedia que se cobraría la vida de un fraile atrapado por un amor prohibido en el año 1860. Dice la leyenda que el fraile se lanzó al mar cuando su joven amada pasaba en su barco rumbo a España para ser encerrada en un convento. La muerte del fraile hizo que la playa se bautizara con el nombre de “El Salto del Fraile”.

Si embargo navegando por los mapas de Lima del Congreso de Estados Unidos, hay varias referencias a la playa del “Salto del Fraile” mucho antes de 1860. Algunos mapas están fechados en el año 1744. Eso quiere decir una de dos cosas: o la famosa leyenda del salto del fraile es falsa y debemos encontrarle otra explicación o hay que ubicar la tragedia amorosa unos 150 años antes de lo que nos cuentan.

Surco – Corrillos – Playa del Salto del Frayle – Puerto la Chira en mapa fechado en 1744.

https://www.loc.gov/resource/g5314c.lh000709/?r=-0.108,0,1.216,0.708,0

Una probable explicación mucho menos romántica y más simple podría ser esta: un colono venido de Jaén (España) bautizó el peñasco porque le hacía recordar al Salto del Fraile de su tierra en el actual Parque Natural de Despeñaperros. El salto del fraile de Jaén se parece mucho al de la Costa Verde limeña. Las fotos de ambos parajes son la mejor prueba.

El salto del fraile español y el salto del fraile peruano.

 

 

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En la crónica de la expedición de Pedro de Ursúa y Lope de Aguirre por el Amazonas llevada a cabo un busca de la mitológica ciudad de El Dorado, hay un dato que pasa casi desapercibido para un lector pero es un relato clave que invita a reflexionar sobre la composición de las poblaciones antiguas en la selva amazónica.

Se trata de la existencia de grandes granjas de tortugas que proveían a los nativos de una de sus principales fuentes de proteínas.  La selva amazónica es uno de los últimos refugios del planeta donde existen indígenas que subsisten en base a la recolección y caza de su alimento. La abundancia de comida es tal en la selva que nos ha hecho creer que allí nunca hizo falta una revolución en la agricultura, que el cultivo y la domesticación de ciertas plantas nunca se dio, y mucho menos la cría y explotación de animales para el consumo de su carne.

“Quitado el cuero y asadas o guisadas son tan buenas de comer como conejos… quien no las conoce huiría de ellas y antes le pondría temor y espanto su vista que no deseo de comerla.” Cieza de León

Sin embargo, en este documento redactado en 1561 nos encontramos que un grupo de españoles que se aventuraron a recorrer el Amazonas en busca de la ciudad perdida de El Dorado se toparon con una pequeña población que se dedicaba a la cría de tortugas que mantenían en lagunillas o pozos poco profundos rodeados de troncos empalizados a modo de cerco, con lo cual lograban mantener las tortugas bajo control. La carne de las tortugas evitó que los expedicionarios murieran de hambre en más de una ocasión durante su viaje.

La existencia de estas granjas de tortugas nos demuestra una cosa: ya hace más de 500 años existían comunidades nativas en el Amazonas bien organizadas y establecidas que habían abandonado una vida nómada de recolección y caza, para dedicarse a la ganadería reptil y a la agricultura. En otras partes del mundo el hombre domesticó vacas, ovejas, caballos, gallinas. En el Amazonas, se utilizó a la tortuga. Esta gran revolución neolítica de contar con una fuente permanente de alimento debió transformar a las sociedades antiguas de la región. Al cambiar a un estilo de vida sedentario, debieron también aprender a cultivar sus plantas favoritas.

Debido a la enorme diversidad de plantas selváticas, el aprendizaje y posterior domesticación debió ser una tarea inmensa. Mientras que la revolución de la agricultura en la otra parte del mundo se limitó a domesticar una docena de plantas como el trigo, el arroz o las legumbres, en la selva aún empezamos a comprender la magnitud de la revolución que incluyó a especies vegetales tan variadas como la yuca, el cacao, la papa, el cacahuete, el camote o boniato y quizás el maíz y el tomate.

¿Podríamos ser capaces de detectar antiguas ciudades amazónicas ubicando restos de cultivos de hace cientos o miles de años?

Se ha estudiado muy poco, pero probablemente el terremoto alrededor del año 1455 DC en Arequipa, haya sido uno de los más destructivos de los últimos mil años en Perú. La fuerza del terremoto desencadenó la erupción de los volcanes cercanos al epicentro: Misti, Sabancaya, Chachani, provocando una mayor tragedia que debió aniquilar gran parte de la población.

Hay muy pocos cronistas que recogen el relato, uno de ellos es Fray Martín de Murúa que explica  “hubo en el distrito de Arequipa un espantable terremoto, precedido de un volcán que estaba tres leguas della. Empezó a lanzar tantas llamaradas de fuego y tan espeso y continuo, que la noche parecía día claro en las riberas del mar, y en todos los pueblos de alrededor… afirman los indios haberse oído hasta Chile y, esparcida la ceniza por los aires, fue llevada más de ciento cincuenta leguas…”.

Sabemos la fecha aproximada del terremoto, porque el cronista menciona que gobernaba el inca Tupac Yupanqui, y también menciona a la coya Hipahuaco como la responsable de realizar los sacrificios humanos en los volcanes para aplacar la “ira de los dioses”. Las momias halladas en el Misti y en el Sabancaya coinciden con esa fecha. El estudio de las capas de ceniza del cráter del Misti también arrojan una fecha cercana a 1440-1460 DC.

De lo que no tenemos rastro es de la magnitud del desastre. Si hacemos una exploración aérea (con Google Earth) de la región, se pueden apreciar enormes terrenos abandonados que en algún tiempo albergaron una población agrícola masiva. Es difícil saber el momento exacto del abandono o si existe relación con el terremoto y la erupción de los volcanes. Ojalá algún día encontremos más piezas para resolver este misterio.

Intrincados andenes abandonados en la zonas aledañas al Misti y Sabancaya.

 

 

 

 

La tuberculosis es actualmente la segunda enfermedad infecciosa más mortífera solo por detrás del SIDA. Se calcula que apareció en los humanos hace unos 6.000 años, y se extendió por todo el mundo. Se han encontrado rastros de tuberculosis en momias egipcias, pero también en momias de la cultura Paracas.

Hasta ahora se dudaba de si los conquistadores españoles habían traído la enfermedad a América causando una catástrofe demográfica, pero ahora sabemos que en algún momento antes de su llegada, desde algún punto del mundo, alguien introdujo la enfermedad varios milenios después de que el hielo glaciar del estrecho de Behring se derritiese y aislara América.

Un grupo de estudio de arqueología genética del Instituto Max Planck, sostiene como única teoría válida la migración de focas portadoras de tuberculosis desde las costas de Africa hasta las costas del Brasil para explicar la aparición de la enfermedad hace por lo menos 2000 años en Perú. Una teoría más sensata sería suponer la existencia de una migración por mar de hace dos o más milenios entre las costas asiáticas y americanas occidentales.

Lo emocionante del estudio, es que la cepa bacteriana americana precolombina está emparentada con una cepa muy antigua africana que finalmente se extendió por todos los continentes, pero que fue mutando hasta diferenciarse mucho de la TB americana. Esto hace pensar que algún día gracias a la arqueología genética quizás podamos saber la fecha y lugares exactos de esta migración remota que trajo la enfermedad a las costas del Perú.

En las bóvedas centenarias de la Biblioteca Nacional de España hay un curioso ejemplar de autor anónimo con el título “De las costumbres antiguas de los naturales del Pirú”. En la foto se puede ver el primer párrafo del libro que transcribo:

“Creyeron y dijeron que el mundo, cielo y tierra, y sol y luna fueron creados por otro mayor que ellos: a éste lo llamaron Illa Ticci, que quiere decir luz eterna. Los modernos añadieron otro nombre, que es Wiracocha, que significa Dios inmenso de Pirua, esto es, a quien Pirua, el primer poblador de estas provincias, adoró, y de quien toda la tierra e imperio tomó nombre de Pirua, que los españoles corruptamente dicen Perú o Pirú”.

Luego hay una anotación a la derecha: “Ticci es lo mismo que principium rerum fine principio”, con lo que el significado que da nuestro autor para Illa Ticci, es más bien “luz del principio de los tiempos”.

Quien haya leído a Fernando Montesinos antes de leer  esta crónica, reconocerá muchos pasajes que probablemente sirvieran de inspiración a Montesinos. Montesinos cita como fuente al padre jesuita Blas Valera, cuya obra no conocemos, pero que irremediablemente tiene que tratarse de esta crónica anónima. De hecho, esta ya es una discusión que tiene más de 100 años entre historiadores peruanos, y aunque no se sepa a ciencia cierta quién es el autor, para mí ha sido una delicia descubrir en estas 80 páginas a Blas Valera como influencia del libro más polémico de todas las crónicas peruanas: los memoriales de Fernando Montesinos.

Volviendo al origen del nombre del Perú, Blas Valera (o el cronista anónimo) dejó claro hace más de 400 años que Perú deriva de Pirua, que fue el primer hombre de “estas provincias”, una proyección del Adán bíblico. Para apoyar esta idea, el origen del nombre debió ser muy antiguo y desconocido para la mayoría de la gente en tiempos de la conquista, y Blas Valera lo rescató de “los quipus de Iutu Ynga y los de Huallpa Ynga” junto con las anotaciones de Fray Melchor Hernández (hoy perdidas).

 

 

 

Jorge von Hassel fue un explorador alemán que se enamoró del Perú y recorrió miles de kilómetros por la amazonía peruana durante varios años a principios del siglo XX. Fue un ingeniero que entregaba apuntes a la Sociedad Geográfica de Lima, con fotografías y descripciones de nuevos lugares y tribus selváticas.

Von Hassel ha dejado escrito un pequeño libro llamado “Apuntes de Viaje en el Oriente Peruano” que podría compararse a las Tradiciones Peruanas de Ricardo Palma en versión aventurera, y con el mérito de ser todas historias en primera persona.

Escribe Von Hassell en sus Apuntes del Oriente:

“Un alemán nombrado Carlos Lamp, residió por 16 largos años en el Cuzco y pueblecitos más al interior. Contrajo allí matrimonio con una joven india, la que, según tradición, descendía de una noble familia incaica. Lamp, desde un principio, fué admirador entusiasta de la cultura de los hijos del sol… forjóse, poco a poco la ilusión de restablecer el poderoso imperio que sojuzgaran los españoles. “

Pero lo más inquietante son sus apuntes publicados en la Sociedad Geográfica de Lima. Describe numerosos lugares, ríos, tribus indígenas con idiomas y costumbres y afirma con rotundidad haber descubierto Paititi cerca a Manaos, en Brasil.

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De la lectura de sus apuntes se percibe el enorme conocimiento de la zona a la que él llama “la región Vilcanota” donde estudia las poblaciones indígenas de los ríos Vilcanota, Urubamba y Ucayali. No hay una mención clara a Machu Picchu con la que podamos despejar dudas, pero hay muchas referencias a ruinas incaicas y andenes en toda la ruta desde el Cuzco hasta Camisea (en Madre de Dios).

Escribe von Hassel:

Los indios Piros tenían relación con los incas antes de la llegada de los españoles y vivían en el Alto Urubamba. Allí ayudaron a los incas a la construcción de la fortaleza de Tonquini. Atrás de Tonquini existe un sitio que llamaban antes Ayahuanca con muchas momias, y a la izquierda del Pongo existe una piedra que oculta el tesoro de los incas (Tonquini, baúl del Inca).

Mapa publicado por Mariana Mould de Pease, que fue presentado por Carl Haenel para demostrar que JM von Hassel descubrió Machu Picchu antes que Hiram Bingham. Dada la popularidad que consiguió Bingham, este recorte del New York Times parece demostrar que además hubo una pelea mediática por la autoría del descubrimiento en esos años.  Quién sabe si fue von Hassel o si Machu Picchu ya estuvo descubierta desde mucho tiempo atrás…

mapa_vilcanota

 

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Navegar con Google Earth por el departamento de Amazonas es asomarse a un mundo perdido lleno de tierras de cultivo abandonadas. Se estima que la población de la cultura Chachapoyas alcanzó los 400.000 individuos, y que en poco tiempo tras la conquista inca y luego española, se redujo a 30.000 habitantes.

Él área cultivada del departamento de Amazonas es hoy en día de 175.000 hectáreas, sin embargo un vistazo por sus montañas revela que el área abandonada de cultivo es -siendo cautos- quizás 3 veces mayor. 500.000 hectáreas de cultivo pueden dar de alimentar a una población de 5 millones de individuos (estimando que 100 hectáreas produzcan comida para 1.000 personas). Difícil saber la población exacta de esta cultura, pero el descalabro demográfico tuvo que tener dimensiones apocalípticas.

De los cultivos abandonados, rescato estas curiosas imágenes que muestran miles de círculos dispuestos simétricamente. Probablemente sean cultivos de café o alguna planta similar.

Puntos cerca a Levanto

Puntos cerca a Levanto

Puntos misteriosos en montaña

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Una montaña repleta de cultivos simétricos. ¿Plantaciones recientes o del pasado?

 

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Este curioso paisaje en lo alto de una montaña parece más un error de Google Earth que un cultivo de café.

Existe un hueso del cráneo llamado interparietal o “hueso inca” con una alta incidencia en la población americana, y sobre todo, en los Andes centrales. Nuestro cráneo está formado por distintos huesos como si se trataran de placas tectónicas , que a medida que uno crece pueden suturar y hacerse más tenues.

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La mayor parte de los humanos no tienen este hueso, pero está presente en todos los grupos étnicos del mundo. Exactamente el 1% de la población tiene el “hueso inca”, pero en las momias preincaicas, la presencia del hueso triangular interparietal alcanza el 25% o más, por eso su nombre.

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Recuerdo en una visita hace mucho tiempo a las catacumbas del convento de San Francisco en Lima, una macabra visión con miles de cráneos apilados. El guía de entonces, nos contó que para diferenciar los cráneos españoles de los indígenas simplemente había que fijarse en el triángulo de atrás. La presencia del triángulo era signo inequívoco de que el infortunado cráneo pertenecía a un indígena.

La presencia del “hueso inca” en realidad tiene un origen muy lejano. No se desarrolló dentro del territorio americano debido a una mutación genética, sino todo lo contrario, la mutación genética fue la desaparición del hueso. En algún momento de nuestro largo viaje genético el “hueso inca” desapareció, y aquel “marcador genético” fue pasado de generación en generación hasta nuestros días. Un cambio presente en todo el planeta solo puede haber tenido lugar hace mucho tiempo, quizás hace más de 50.000 años (uno de los marcadores genético más antiguos es el M45 y se calcula tiene 40.000 años).

El estudio más amplio sobre la incidencia del hueso inca en la población mundial -Tsunhiko Hanihara y Hajime Ishida (2001)- afirma que las regiones o países con mayor incidencia de “huesos inca” en sus poblaciones son Japón (4,4% incidencia), la costa oeste norteamericana (11,7%), Perú (8,2%), el oeste africano (12,73%), y los esquimales de Groenlandia (6%).

No hay suficientes datos para concluir que hubo una migración con el gen del “hueso inca” de un clan japonés hacia el Perú hace miles de años. De momento la interrogante de por qué hay tan alta incidencia de este hueso en el Perú Antiguo y a qué clan migratorio se debe, es una incógnita.

El manuscrito Voynich es un misterioso libro escrito hace unos 500 años que contiene ilustraciones de plantas que nadie ha identificado. Está escrito en un raro alfabeto no descifrado. Aunque muchos estudiosos sostienen que se trata de un idioma inventado sin sentido y dibujos botánicos imaginarios, hay otros que sostienen que el alfabeto se puede descifrar y que está escrito con el fin de ocultar en sus páginas conocimientos de recetas, astronomía y quién sabe qué.

Pero, ¿hemos buscado lo suficiente? El hecho de ser un manuscrito europeo datado hacia finales de la Edad Media ha hecho que nadie busque plantas americanas en sus páginas, pero al ver el manuscrito Voynich es inevitable reconocer en primer lugar la planta de a yuca, con su raíz cortada y carnosa. Poniendo un poco de imaginación también la planta del camote se hace reconocible.

Quizás el manuscrito sea un documento creado en América, ¿por qué no de un esmerado cronista que intentó ocultar los nuevos conocimientos el continente para que no caiga en manos peligrosas?

¿Camote?

¿Camote?

 

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Victoria regia, la planta nacional de Guyana y con presencia en toda la amazonía sudamericana.

 

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¿Violeta?

 

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¿Yuca?

 

 

 

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Miro esta imagen tomada del Proyecto Arqueológico de Sechín Bajo dirigido por el Dr. Fuchs y me imagino un antiguo amauta enseñando a escribir a sus alumnos. Nótese a la derecha un solitario cuadrado en blanco. Al lado, un cuadrado con cuatro cuadrados interiores, tres apéndices por arriba y un animal (¿perro?) sosteniendo todo a un lado. Y un poco más allá, como si fuera una evolución de unos toscos dibujos la síntesis definitiva de estos tres símbolos juntos: el cuadrado con tres hojas se convierte en una cabeza mirando hacia arriba con las tres hojas saliendo de su felina boca.

Lo realmente increíble es que esta pizarra de lodo tiene 5000 años y que casi 2000 años después, en Chavín de Huántar encontremos el mismo pictograma reproducido en el obelisco Tello.

En otro post sobre los misteriosos símbolos del obelisco jugaba a teorizar que tal vez la cabeza con las tres hojas era una palabra quechua compuesta por dos sílabas: KAY-NI (reinado). Tiene mucho más sentido que el vocablo KAY (lugar, ciudad) esté representado por un cuadrado, forma reconocible por las construcciones de Las Aldas y Sechín. Pero el cuadrado derivó en una cabeza felina mirando hacia arriba como finalmente quizás nos haya enseñado nuestro misterioso amauta de la antigüedad en la pizarra de lodo de Sechín Bajo.